Bienvenidos a la cautivadora isla de Corsica (Córcega), una joya bañada por el mar Mediterráneo, con una fusión deslumbrante de montañas escarpadas, playas paradisíacas y pueblos encantadores.
Este viaje a través de sus paisajes diversificados es una evocación de su rica historia y su cultura singular.
Ajaccio

Ajaccio, la joya de la costa oeste de Córcega, es mucho más que la ciudad natal de Napoleón Bonaparte. Es una ciudad vibrante y cosmopolita que está llena de historia, cultura y vida.
Comenzamos nuestro viaje en el Quartier des Étrangers, o el «Barrio de los Extranjeros». Este distrito, que alguna vez fue hogar de visitantes británicos, daneses y suizos, es una ventana al pasado colonial de Ajaccio, con sus espléndidas villas y jardines llenos de plantas exóticas.
Aquí se ubican muchas de las espléndidas villas del siglo XIX que fueron construidas por estos extranjeros. La arquitectura es un encanto, una mezcla ecléctica de estilos italianizante y oriental, todas mirando hacia el azul mar Mediterráneo.
Podrás admirar las villas con sus fachadas coloridas y jardines floridos. El aire fresco marino y la vista panorámica al mar crean una atmósfera de tranquilidad y belleza. Los hermosos edificios, con sus balcones de hierro forjado y fachadas adornadas con palmeras y flores, te transportarán a otra época.

No muy lejos de allí, encontramos la Maison Bonaparte, el lugar de nacimiento de Napoleón. Hoy en día, la casa es un museo dedicado a la vida y los logros del famoso líder francés, donde puedes ver una gran colección de objetos personales, retratos y documentos.

Caminando por las calles adoquinadas, llegamos al bullicioso Mercado de Ajaccio, donde los puestos se desbordan con productos locales: quesos, miel de montaña, embutidos, ostras y, por supuesto, las naranjas y clementinas de Córcega. Es el lugar perfecto para sumergirse en la vida local y probar las delicias culinarias de la región.
El centro histórico de la ciudad es una sinfonía de calles estrechas y pintorescas plazas, como la Place Foch, rodeada de cafés donde los lugareños saborean su «petit noir», un pequeño café negro. El Musée Fesch, hogar de una de las colecciones más importantes de arte italiano en Francia, es un lugar imprescindible.
La Cathédrale Notre-Dame-de-l’Assomption, del siglo XVI, es otro punto destacado. Su interior es bastante sobrio, pero alberga una obra maestra de Delacroix, «La Santa Cena».
Finalmente, para apreciar plenamente la belleza natural de Ajaccio, nos dirigimos a Iles Sanguinaires (las Islas Sanguinarias), son un pequeño archipiélago de cuatro islas de origen volcánico en la costa occidental de Córcega, situadas a la entrada del Golfo de Ajaccio. Este paraje fascinante se conoce por sus rocas de color rojo oscuro que, iluminadas por la puesta de sol, dan la impresión de estar teñidas de sangre, de ahí su nombre, que en español significa «Islas Sangrientas».
Grande Île( isla más grande) alberga un faro de 19 metros de altura, construido en 1870, que aún se encuentra en funcionamiento. Se puede subir al faro para disfrutar de las vistas panorámicas del mar Mediterráneo y la costa corsa. A los pies del faro, encontrarás la antigua vivienda del farero, ahora convertida en un pequeño museo y centro de interpretación.
Las islas son un popular destino para los amantes de la naturaleza, pues están cubiertas de vegetación típica del maquis corsa, con su fragancia embriagadora, y son hogar de diversas especies de aves marinas, lo que las convierte en un lugar idóneo para la observación de aves.

Uno de los mejores momentos para visitar las Islas Sanguinarias es al atardecer. El espectáculo de las rocas que cambian de color a medida que el sol se pone, bañando el paisaje con tonos rojizos y anaranjados, es simplemente inolvidable.
Para llegar a las islas, se pueden tomar barcos desde Ajaccio. Algunos de estos barcos ofrecen tours alrededor de las islas con guías que explican la historia y la geología del lugar.
Las Islas Sanguinarias son, sin duda, un lugar de belleza deslumbrante y uno de los tesoros más preciosos de Córcega, una visita obligada para cualquier viajero que se aventure por la isla.
En resumen, Ajaccio es una ciudad que ofrece una mezcla embriagadora de historia, cultura y belleza natural.
Sin duda, es un lugar que merece la pena explorar, oler, vivir y sentir
Bonifacio

Desde Ajaccio, nos dirigimos hacia el sur hacia Bonifacio, una ciudad ubicada en acantilados de piedra caliza que descienden vertiginosamente hasta el azul cobalto del mar. Su ciudadela medieval y su laberinto de calles empedradas te invitan a perderse en el tiempo.
Nuestro siguiente destino es la espectacular Reserva Natural de Scandola, accesible solo por mar. Se encuentra en la costa oeste de la isla, y se extiende de la orilla norte de la bahía de Girolata al puerto de Elbu

Este paraíso protegido, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es un caleidoscopio de acantilados rojos, cuevas marinas y aguas cristalinas, donde delfines y águilas de mar anidan. Formadas por rocas de origen volcánico que emergen del mar con formas extraordinarias y variadas gracias a la erosión del viento y del agua.
Calvi
Continuamos hacia el norte, a Calvi, con su impresionante ciudadela y playas de arena blanca. Aquí, el aroma de los pinos y el romero se mezcla con el aire salado del mar, creando una atmósfera embriagadora.

Corte
En el interior de la isla, encontramos Corte, el corazón palpitante de la identidad corsa. El Musée de la Corse (El Museo de Córcega), ubicado en la ciudadela, nos ofrece un fascinante recorrido por la historia y la cultura de la isla.
Nuestro último destino es
Bastia
donde el antiguo puerto, Vieux Port, está lleno de coloridas embarcaciones y terrazas de cafés y restaurantes, es el lugar perfecto para degustar una «Pietra», la cerveza local hecha con castañas.

Córcega es una isla de contrastes sorprendentes: montañas majestuosas, playas idílicas, historia fascinante y gastronomía deliciosa. Un viaje por esta isla encantada es una experiencia que te deja con recuerdos imborrables.
Tanto andar de aqui parra allá, me ha entrado hambre, ¿y a ti? haber que podemos degustar
La cocina corsa es famosa por sus sabores robustos y su enfoque en ingredientes frescos y locales. Aquí tienes algunas delicias que debes probar durante tu estancia en Córcega:
- Charcuterie corse: Córcega es famosa por su charcutería, con productos como el jamón corsa «Prisuttu», el salami «Coppa» y el «Lonzu», que es lomo de cerdo curado. Todos ellos son de alta calidad y están llenos de sabor.
- Brocciu: Este queso es un elemento básico de la cocina corsa y se utiliza en una gran variedad de platos, desde tartas y crepes hasta pastas y ensaladas. Es similar al ricotta italiano, pero con un sabor más pronunciado.
- Figatellu: Este es un tipo de salchicha corsa hecha de hígado de cerdo. Se puede comer cruda (si está muy fresca), asada a la parrilla o cocida en guisos.
- Chestnut Flour: Córcega es conocida como «la isla de la castaña», y esta harina se utiliza en muchas recetas, desde panes y pastas hasta galletas y pasteles.
- Pastries: No puedes irte de Córcega sin probar algunos de sus dulces tradicionales, como las «Canistrelli» (galletas de vino blanco con limón o anís) y «Fiadone» (un pastel de queso hecho con Brocciu y limón).
- Vins Corses: La isla produce algunos vinos excepcionales que se adaptan perfectamente a la cocina local. No olvides probar el vino rosado y los vinos de la región de Patrimonio.
Recuerda que cada zona de Corsica tiene su propia especialidad, por lo que te animo a que pruebes y descubras los diversos sabores que esta hermosa isla tiene para ofrecer.